Quebrar, saltar, crecer.

22 Feb , 2021 Artículos

Tomar decisiones sobre cambios radicales en nuestra vida fuera de la urgencia, cuando es para crecer en lo que uno se propone, puede ser extremadamente angustiante. Y es lógico, porque decidir salir del confort por propia iniciativa es solo para valientes.

En general, cuando descubrimos que algo atenta directamente contra nosotros puede ser claro que debemos tomar otro rumbo a fin de recuperar bienestar. Hay culpables, hay extremos, hay certeza sobre lo que no queremos, lo que no merecemos, lo que no estamos dispuestos a permitir. Eso nos ayuda a decidir un quiebre y nos impulsa a buscar alternativas. La urgencia del malestar concreto nos ayuda a mover fichas.

Pero ¿Qué pasa si no hay amenaza aparente? ¿Qué pasa si solo vemos el malestar en fuertes reflexiones internas, en nuestra voz interior cuando algo no se alinea con nuestro propósito, o en el correr de nuestro trabajo de autosuperación? Porque cuando el motor del cambio es nuestro propósito, la cosa se vuelve desafiante. El malestar es de fondo, casi constante, solo que inquieta pero no quema y se nos presenta la duda sobre dos posibles rumbos:

1) Seguir tapando con tierrita las llamitas, enterrando nuestra luz hasta marchitarnos en la resignación. Convencernos de que en un país inestable e impredecible como Argentina es mejor pájaro en mano, malo conocido, mal de muchos y no mover un dedo. No cambiar, no tomar riesgos. Vivir en la seguridad de nuestra situación actual, cubrir los gastos fijos y ser feliz por eso.

2) Trabajar en nosotros mismos, analizarnos, detenernos para atender lo que surge, entender qué queremos, saber quienes somos, elegir hacia donde queremos ir y qué necesitamos para llegar. Tomar riesgos, prepararnos para las malas épocas sin renunciar a las buenas futuras. Definirnos, aunque no tengamos certezas. Saltar, quebrar el orden actual, crecer ya desde esta decisión y remarla, pero no solo para mantener lo que tenemos, sino para encontrar nuevos horizontes, esos que necesita nuestro propósito para salir a flote.

Quien no salta, nunca verá aparecer la red que lo ataje. Y para saltar hay que confiar, adaptarse y remarla. Es necesario mantener el espíritu positivo que sortea obstáculos con creatividad cuando todo parece llenarse de piedras. Es ver una oportunidad donde otros ven un problema, es contar con quienes nos ayuden y agradecer, ante todo, agradecer.

Pero ojo, la gratitud no anula la aspiración. Ella también obliga a tener un propósito en la vida. Lo delicado es descubrirlo. Y para eso, creo que necesitamos aceptarnos, conversar internamente y decirnos qué necesitamos de nosotros mismos para alcanzar lo que queremos. ¿Qué quiero alcanzar? ¿Quién necesito ser? ¿Qué o a quién necesito perdonar? ¿Qué necesito de mí mismo para lograr lo que hasta ahora no pude? ¿Cuánto estoy dispuesto a acompañarme, entenderme, aprender y trabajar para lograr ser yo mismo?

Descubrir tu propósito. Zambillirte en el océano de tu historia. Decidir quién querés ser. Diseñar en tu mente (y colorear con el corazón) la vida que querés. Saltar. Descubrir la red que te sostiene. Confiar. Vivir de verdad.

María Cecilia López Iervasi – Sempre avanti.


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